Esa segunda oportunidad

“Cena de Navidad” de Emilia Pardo Bazán (España, 1851) está escrito con un tono alegre, pero tiene, sin embargo, un deje inquietante, al contrario del efecto que provoca el relato «Mi tío sonreía en Navidad«, que está marcado por un tono grave y bravo, que hace precisamente que la sonrisa de satisfacción del tío al ver su familia reunida brille con especial intensidad.

Pardo Bazán narra con una gracia particular, mérito que despliega en todas sus creaciones, y convierte cada párrafo de este cuento en una delicia. Todo fluye. Incorpora con maña el habla local como un recurso más para caracterizar a los bandoleros, que hacen que el protagonista viva una peculiar Nochebuena, aunque acabe comiendo manjares similares que los que esperaría encontrar servidos en la rica mesa de sus padres.

Si raspamos bajo esas bellas capas superficiales del relato nos damos de bruces con la suerte y lo crucial que resulta este factor para que el desenlace vaya en una determinada dirección. La vida le brinda una segunda oportunidad en Nochebuena, y eso es lo que se ofrece como moraleja, pero ¿de qué manera? Por pura potra. El protagonista sabe jugar sus cartas, pero su ingenio no es determinante, sino que es un golpe de fortuna lo que sale en su auxilio. De ahí que cómo se resuelve lo que sucede no sea típicamente navideño que se diga.

Ficha

 

Por María Ortiz

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