Ese refugio

El tema de la segunda oportunidad, de ocasión de oro para reflexionar y valorar lo que se es y se tiene, que está presente en “Cena de Navidad” de Emilia Pardo Bazán, escala posiciones hasta llegar a la categoría de camino de redención en “Navidad en las montañas” de Ignacio Manuel Altamirano (México, 1834).

El relato lo protagonizan un capitán mexicano que regresa (¿huye?) de la guerra y un cura español que ha hecho de la aldea en la que predica una comunidad ejemplar. El capitán halla en la Nochebuena que pasa en este pueblito modélico una invitación para reconciliarse consigo mismo, de volver a creer en la capacidad transformadora del ser humano, y de salvarse del hastío y de una tristeza cuya causa no queda suficientemente aclarada, pero que guarda relación con su experiencia en el campo de batalla.

“Navidad en las montañas” tiene como trama secundaria el desenlace de una historia de amor que también redunda en esa misma idea de la redención, que entronca con la esencia de las Navidades cristianas, esto es, la conmemoración del nacimiento de Cristo, que viene al mundo para salvar al ser humano.

Navidad, en este relato, significa también ese refugio de buenos sentimientos, vivencias agradables entre gentes sencillas, encuentros buscados, reconciliaciones deseadas y gestos amables, frente a la soledad y la angustia que atosigan el alma y la hostilidad que viene de fuera.

¿Un mero cuadro de costumbres?

En la dedicatoria a Francisco Sosa, amigo, colaborador en una de sus publicaciones y responsable de que “Navidad en las montañas” tomara forma -en palabras del autor le “secuestró” para que esto escribiera-, Altamirano define este relato como “un cuadro de costumbres mexicanas”. No le falta razón y lo consigue, además, con holgada suficiencia. Los tres primeros capítulos son una sucesión de estampas costumbristas. En el primero pinta en tono bucólico el paisaje del lugar donde se encuentra el capitán, que le evoca las Navidades de su infancia, que recoge en el segundo capítulo, y de su juventud, que deja para el tercero. Más adelante dedica un apartado a los villancicos navideños y al repaso de los rituales populares de Nochebuena seguidos en la aldea en la que pasa tan especial noche. Sin embargo, este relato o novela corta, como prefiera denominarse, encierra mucho más.

Efectivamente el autor ama las leyendas, las costumbres y las descripciones de paisajes de México y orienta su literatura hacia la afirmación de los valores nacionales. Pero esta novela es también reflejo de otras de sus muy variadas y bien cultivadas facetas, aspecto que fue tratado en profundidad durante la tertulia.

Nace en el seno de familia indígena y de alguna manera esto explica que ponga en una situación preferencial en su relato la conexión con la naturaleza, la ligazón con el entorno, el marco que ofrece la naturaleza al ser humano como parte de ella que es. Vimos en “Frankenstein” este respeto y admiración por el medio natural frente a la perversión de la mano hacedora del hombre y así lo comentamos en nuestro foro.

Derivada de esta idea está la defensa que hace de lo rural y campestre frente a lo urbano. Extraigo del texto: “Se me había dicho que terminaría la jornada en un pueblecillo de montañeses hospitalarios y pobres, que vivían del producto de la agricultura y que disfrutaban de un bienestar relativo, merced a su alejamiento de los grandes centros populosos”. Esta dignificación de lo campestre está en “El camino”, de Miguel Delibes, obra que leímos en octubre.

La educación, motor de progreso

Altamirano se dedica durante su vida a la docencia, trabajando como maestro. En la actividad pública se desempeña como diputado: aboga por la instrucción primaria gratuita, laica y obligatoria y funda el Liceo de Puebla y la Escuela Normal de Profesores de México. En el relato que nos ocupa el progreso de la aldea está íntimamente ligado a la vitalidad de la escuela y la utilización de sistemas mecanizados que facilitan las tareas rutinarias y redundan en bienestar social, como el uso de un molino, o las mejoras en la agricultura.

Defensor acérrimo del liberalismo y del libre pensamiento, Altamirano combate la irracionalidad reaccionaria y fanática del clero católico, pero ensalza los valores cristianos que sincretiza el cura de su relato relativos a la fraternidad, la entrega y el altruismo, colocando a Jesucristo como modelo de vida.

Por último, me parece interesante comentar las referencias literarias presentes en el texto. Habla de “El Quijote”, que define como “ese libro inmoral que siempre será caro a los españoles y a sus descendientes” y de obras entre cuyos personajes están lo que el capitán considera “hermosos tipos ideales del buen sacerdote moderno”, y que son “Vicario de aldea”, de Heinrich Zschokke, “Judío errante”, de Eugène Sue, y “Los miserables”, de Victor Hugo. También hay hueco para el poema “Las pajas del pesebre”, de Lope de Vega.

Como se ve, este relato tiene más miga de lo que parece.

Ficha

  • Título: Navidad en las montañas
  • Autor: Ignacio Manuel Altamirano
  • Disponible en Feedbooks
  • Comentado en la tertulia de diciembre de 2018

 

Por María Ortiz

2 comentarios en “Ese refugio”

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