Aprender a vivir en la adversidad

La trabajadora social y mediadora social, familiar y penal Carmen Ortiz Moreiro reflexiona sobre la resiliencia, la logoterapia, la adaptación para la transformación o la vida significativa, cuestiones que Viktor Frankl trata en “El hombre en busca de sentido”.

Redescubrir lo extraordinario

¿Cómo es la creación de la perla dentro de una ostra? Cuando un granito de arena entra en su interior y “la agrede”, la ostra genera nácar para defenderse y como resultado crea una joya brillante y preciosa. Lanzo esta pregunta a modo de introducción para una serie de reflexiones a las que me ha llevado esta lectura. Aquellas personas que superan las adversidades de la vida y resurgen fortalecidas son denominadas “resilientes”, es decir, la capacidad de afrontar, sobreponerse y transformarse ante los obstáculos que la vida va planteando se llama resiliencia. Esta nos invita a desbloquear una situación paralizada, ver nuevas posibilidades y tomar nuevos caminos o alternativas. Por tanto, descubrir y redescubrir aquello extraordinario que todas las personas poseemos, sacar a la luz nuestros tesoros escondidos hace que podamos seguir caminando. Frankl, a través de esta poderosa y mágica obra, nos hace entender que el hecho de que no seamos de acero ni superhéroes no quiere decir que no podamos caminar en y desde la desgracia y el sufrimiento y al mismo tiempo estar abiertos a las maravillas que estén por venir.

Resiliencia, más que resistir

[Frankl] Nos enseña que la resiliencia es más que resistir, es decir, es aprender a vivir. La reconstrucción de una persona tiene más relación con la capacidad proactiva de reescribir el guion biográfico, que la actitud pasiva de resistir el impulso de una situación traumática. Ante graves adversidades, la persona herida nunca consigue liquidar del todo los problemas. Siempre va a quedar una huella. Pero él nos pone por delante que, en vez de luchar contra lo inevitable, lo aceptemos y aprendamos a vivir con ello. Es una adaptación para la transformación, una aceptación del sufrimiento como una forma de aprendizaje, encontrándole un sentido. Debe haber una modificación en la actitud, en cómo encaramos las situaciones.

En esto, entre otras cuestiones, se basa la logoterapia. El relato [de la historia que nos ocupa] nos remite al pasado para explicar el presente, pero nunca cierra el futuro. La resiliencia enmarca un “antidestino”: nos acerca y nos asocia como seres humanos a la palabra “devenir”, que significa “convertirse en”.

Humor, válvula de escape

Cuando la realidad es monstruosa hay que tratar de transformarla para hacerla medianamente soportable. Me refiero a las válvulas de escape y mecanismos de defensa que nuestro cuerpo y mente de forma inteligente crea, por ejemplo, el sentido del humor. Frankl cuenta la anécdota de que, cuando lo trasladan de un campo de concentración a otro, poco menos que empieza a bromear y a contar chistes con los compañeros de los barracones acerca de que ese campo no tenía chimeneas. En ese momento, celebró con humor seguir vivo.

Por tanto, el humor nos permite trascender el momento concreto, crear distancia entre el problema y la persona. Cuando una persona está inmersa en la vorágine de la destrucción provocada por una herida, corre el riesgo de permanecer en la oscuridad durante un tiempo. El humor puede ser un remedio que le ayude a encontrarse de nuevo.

Confianza en sí mismo y en los demás

Algo que ayuda mucho en un proceso de este calibre es la confianza en sí mismo que, aunque en estos momentos parezca complicado sacarla, hay cosas que son evidentes, que son las capacidades y habilidades que cada uno tenemos, lo que podemos llamar las propias competencias personales.

Frankl plantea que no solo hay que confiar en sí mismo, sino que hay que confiar en los demás y en sus capacidades. Uno sobrevive en esta vida porque tiene algo de esperanza fuera de sí. Nos agarramos muchas veces a la vida ajena a nosotros cuando nosotros no tenemos mucha fe en la propia existencia. Él fue un gran apoyo, un gran aliento para personas en sus últimas horas de vida. Como aprendizaje aplicable a nuestro día a día, el siguiente: cuando pensamos que alguien es irrecuperable o lo estigmatizamos como sujeto de riesgo, lo convertimos verdaderamente en una persona irrecuperable porque se interactúa con esa persona de tal forma que todo lo que sucede reafirma su imposible recuperación, es decir, se crea lo que se teme.

Otra lección de este libro es la confianza en uno mismo y en los demás: creer en los demás puede ser el primer paso para que otras personas puedan empezar a creer en sí mismas.

Modelos de prevención

Gracias a la verbalización de esta etapa de su vida, Viktor Frankl nos invita a construir modelos de prevención. Cuenta su propia experiencia, que nos puede servir para reflexionar sobre lo que nos podemos llegar a convertir si no trabajamos a nivel personal aquello que nos perjudica.

Una vida significativa

Frankl reconoce que incluso en las condiciones más extremas de deshumanización y sufrimiento, el ser humano puede encontrar un sentido a su existencia. Por ejemplo, un sentido que puede haber adquirido una de las personas que estuvieron allí en aquel momento era darse ánimos los unos a los otros para seguir viviendo en esas condiciones.

Deja claro que, si se conocen los porqués de la vida, se pueden soportar todos los “cómo” a los que se estará sometido. Asimismo, el sentido permite a la persona inmersa en situaciones trágicas, abrirse a los aspectos positivos de la existencia.

Hablar del libro “El hombre en busca de sentido” es hablar de la resiliencia en su más pura definición, como decía antes. Son personas tocadas, pero no hundidas.

 

*Carmen Ortiz Moreiro se dedica al acompañamiento de personas en su proceso de autoconocimiento y crecimiento personal, camino que han elegido después de haber experimentado una vida llena de obstáculos. Como terapeuta y técnica en el campo de las adicciones percibe auténticos valientes. Afirma que uno de los sentidos de su vida está en poder ayudar a otras personas.

De tu interés

Tertulia sobre «El hombre en busca de sentido» de Viktor Frankl

 

Por María Ortiz

1 comentario en “Aprender a vivir en la adversidad”

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