Noches de lo posible

Noche es oscuridad, estrellas, silencio, soledad. Bueno, no siempre, como tampoco siempre puede explicarse desde la contención o la racionalidad el comportamiento humano en lo que respecta a lo más profundo que le mueve. Ni todas las noches son oscuras ni el amor, previsible, manejable, etiquetable. Fiódor Dostoievski, de gran olfato y mejor pluma, bien lo sabía y en sus “Noches blancas” usa como telón de fondo la atmósfera especial de las veladas estivales en latitudes del norte para ambientar la historia de un encuentro en cuatro entregas. Los personajes son más creíbles en tanto más contradictorios se muestran, cuanto menos logran mantenerse en lo que dicen, cuando lo que hacen toma el camino opuesto a lo que les pide el cuerpo, les susurra el alma. Tienen bula, la que les otorga la rareza visual de estas singulares noches de verano, para hacer esto y lo contrario y, si les queda tiempo, para sincerarse y contarse y reírse y callarse frente a las inseguridades cotidianas y los miedos habituales, frente a la miseria, la diferencia social, el valor de la palabra dada, la honra y el poco margen de maniobra que deja, en especial, a las mujeres de aquel tiempo. Eso ya vendrá con el día, que en este relato es un doloroso compás de espera gris e insulso. La noche… es otra cosa.

“Noches blancas” es la historia de un amor con muchos apellidos, fraternal, cómplice, platónico, visceral, libertador, desencantado, despechado, solitario, incomprendido, tantos, que reducirlo a la no correspondencia es renunciar a entender el relato en su plenitud, de la misma forma que resulta errado adoptar una posición de juez para valorar la forma en la que los protagonistas resuelven la trama: no tiene sentido esforzarse por convertir en objeto de crítica y, por tanto, hablar en términos concretos, en el plano de lo tangible, lo que ha germinado en esa atmósfera de ensoñación.

Esta lectura nos invita a acompañar a los protagonistas en sus noches de lo posible.

Otros aspectos interesantes

Personajes

Dostoievski siente predilección por las almas atormentadas. «El Soñador», desde el que narra lo que acontece en las cuatro noches (y una mañana) que nos ocupan, es un hombre solitario, en cuyo aislamiento, de elección cuestionable, reconocemos ese hombre-bicho de factura kafkiana. Añora una vida significativa. Sus conversaciones con Nastienka, la complicidad que surge entre los dos, le sirve como tabla de salvación de la monotonía. Ella también lleva una vida bastante solitaria junto a su abuela ciega y controladora y su criada sorda. Halla en el inquilino al que la abuela le alquila una habitación el salvoconducto para escapar de ese infierno.

Referencias literarias y musicales

El inquilino de la abuela de Nastienka, pobre, pero educado y culto, le facilita novelas de Walter Scott y Pushkin y las invita en una ocasión a ver la ópera de Rossini “El barbero de Sevilla”. La introducción de esta última referencia no es gratuita. Se establece una especie de paralelismo entre los personajes de ambas creaciones. Nastienka se cree Rosina, que vive enamorada de Lindoro (en “Noches blancas” vendría a ser “el inquilino”) y le pide a Fígaro que le ayude con Lindoro de manera desinteresada, como aquí viene a pedirle al Soñador. Don Bartolo, tutor de Rosina, sería el trasunto de la abuela.

Escenario

Esas puestas de sol tardías y esos amaneceres tempraneros que se dan en verano en latitudes septentrionales son perfectas para acoger los encuentros que entablan dos seres raros, únicos que, sin embargo, conectan a la perfección.

Esa atmósfera irreal va como anillo al dedo para ese “soñar despierto” que suele atribuye al momento de mayor efervescencia en el proceso de enamoramiento y en el que gravita con gusto el narrador principal de la historia.

Cambio de época

El fin de las noches blancas del Soñador y Nastienka opera como metáfora del paso del Romanticismo al Realismo como movimiento artístico. Con maestría Dostoievski cambia el tono en el último capítulo, «La mañana», en el que la escena cobra perfiles realistas. La ensoñación cede lugar a lo que hay sin más vuelta de hoja.

En el cine

  • Two lovers. 2008. James Gray. Adaptación libre de la historia.
  • Las noches blancas. 1957. Luchino Visconti.
  • Cuatro noches de un soñador. 1971. Robert Bresson.

Ficha

  • Título: Noches blancas (en ruso, Бе́лые но́чи).
  • Autor: Fiódor Dostoievski
  • Fecha: 1847
  • Comentado en la segunda tertulia de julio de 2019

 

Por María Ortiz

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