Cuestión de perspectiva

“Planilandia” o el coste de la disidencia. O la historia del eternamente incomprendido, del visionario encarcelado por compartir su conocimiento, de la pieza que no encaja. O de lo que ocurre -más bien, no ocurre- cuando se juntan una flagrante falta de amplitud de miras y un exceso de conformismo y mediocridad. O una mera cuestión de perspectiva. ¿Por qué no? Te detienes en este, en aquel aspecto de este fino volumen que encierra, no obstante, tanto, que se ocurren un sinfín de frases que bien podrían servir para titular esta sátira en clave matemática.

El éxito de la obra de Abbott es múltiple. Empezando por cómo traslada, sin perder un ápice de rigor, discusiones científicas del momento a la narrativa de ficción. Siguiendo por lo mucho que el lector del siglo XXI tiene que agradecerle por las varias enseñanzas que logra pescar: aunque visión ácida del orden social del siglo XIX, época en la que fue concebido, algunas cuestiones siguen siendo tristemente bastante actuales. Y terminando por la dificultad de encorsetarla bajo una única categoría: ¿ciencia ficción?, ¿ficción alegórica?, ¿divulgación alegórica?, ¿sátira social?, ¿mofa científica? Las etiquetas no hacen justicia a lo mucho que encierran estas cien páginas. Ser verso suelto es de un atractivo innegable.

Aspectos interesantes

Genialidad

Abbott obra el milagro de conseguir entretener incluso al lector más reticente a las matemáticas.

Fluye

Aunque en algunos tramos pesa la disertación matemática -para calvario de los “mate-fóbicos”-, aunque por momentos la trama parece no avanzar, el hecho es que sí lo hace y los viajes a otras dimensiones se convierten en el motor que aviva la historia y precipita el curso de los acontecimientos.

Originalidad

Convertir figuras geométricas en protagonistas de una trama fantástica, hablar de triángulos, líneas, esferas trascendiendo el ámbito de la divulgación para pasar a la pura ficción, es original y atrayente incluso hoy día, cuando tenemos la impresión de que nada “antiguo” nos puede sorprender.

Estilo, acorde al planteamiento narrativo

El protagonista, un cuadrado, es el narrador. Abbott adecua a la perfección el lenguaje al contexto del personaje. En Planilandia los cuadrados tienen una buena posición social. Así, nuestro peculiar protagonista se expresa con la corrección que se espera de los de su clase. Lo hace en un estilo que recuerda a los manuales de matemáticas con los que hemos aprendido y que es, pues eso, seco, explicativo, expositivo. De ahí que su lectura resulte tediosa en algunos tramos y la acción, falta de la tensión narrativa presente en otras tramas. Ya el propio cuadrado define la historia en cierto momento como “desapasionada”.

En cualquier caso, resulta admirable cómo el autor traslada al campo del lenguaje la aridez de un universo habitado por personajes planos muy metidos en las dinámicas de las realidades que los determinan.

Brillante manejo del lenguaje

No solo hay que alabar la precisión con la que Abbott emplea términos matemáticos y su habilidad para levantar con ellos la alegoría. Juega con las palabras, construyendo ricos dobles sentidos. Por ejemplo, su protagonista se llama (en inglés) A Square, que pronunciado suena similar a “esquire” (título inglés de distinción), lo cual es bastante acorde a su posición social.

Personajes y universos

Los habitantes de los distintos universos o realidades que desfilan por la novela son reconocibles en tipos de personas de nuestra sociedad. Caso del punto, que está encantado de conocerse, o los habitantes de la línea, que solo pueden moverse en ese cauce, en la más absoluta rutina.

Sátira…

…de la sociedad victoriana, sí, y de su rígido sistema de clases, de la situación de la mujer, en absoluta desventaja, de la condescendencia del colonialista. Pero también, de la nuestra. Hay bastante vigencia en la alegoría ácida de Abbott: la persecución del disidente, la imposición de modos de pensamiento, el triunfo de la fuerza, la ilusión del progreso, la relación entre escolarización deficitaria (o inexistente) y nulas opciones sociales o el adoctrinamiento, la amenaza y las prohibiciones como armas de control social, son modelos, por desgracia, aún reconocibles en nuestros tiempos.

«Planilandia» recoge enseñanzas aplicables a nuestro día a día. Me quedo con la necesidad de coger perspectiva para poder ver mejor, idea presente a lo largo de toda la historia, y con la manera en la que la esfera critica la absoluta complacencia del punto, único habitante del universo Puntilandia: “Estar satisfecho de sí mismo es ser ruin e ignorante”.

El sueño como puerta a otras dimensiones

La primera parte de «Planilandia» consiste en la introducción al peculiar universo bidimensional. La segunda se corresponde con los viajes a otras dimensiones. “Durante la noche tuve un sueño”. Así comienza el cuadrado a explicar su experiencia en “Linealandia”. Y, por tener su lectura relativamente reciente, me recordó esto a la manera en la que Mary Shelley concibió su Frankenstein. Ella afirmó que lo “vio” después de una noche de desvelos. El ámbito onírico, de nuevo, se presenta como campo en el que lo imposible deja de serlo tanto.

Invitación a la rebeldía, llamada al inconformismo

Para muchas de quienes participaron en la tertulia, la lectura deja un poso de frustración, la del protagonista, que se ve incapaz de persuadir a los muy metidos en sus mundos. El cuadrado, tras conocer a la esfera y Espaciolandia y encargarse de predicar en Planilandia el evangelio de las tres dimensiones, fracasa en su labor mesiánica. No solo nadie le sigue, sino que además acaba con sus ángulos en la cárcel.

Sin embargo, otras vimos una ocasión para la esperanza. De hecho, el cuadrado confiesa, al final del libro, haber puesto por escrito sus vivencias en lo que él considera sus memorias, con el deseo de que lleguen a humanos de otras dimensiones que «puedan impulsar una raza de rebeldes que se nieguen a estar confinados en una dimensionalidad limitada”.

Repercusiones/referencias

  • Carl Sagan habla sobre ella en uno de los episodios de “Cosmos”.
  • 4 películas (entre cortos y largometrajes).
  • Aparece en la serie Big Bang Theory.
  • Canción «Flatland«, de Tuung.
  • Canción «Planilandia«, de Lori Meyers.

De tu interés

Ficha

  • Título: Planilandia (en inglés original, “Flatland”)
  • Autor: Edwin A. Abbott
  • Año: 1884
  • Comentado en la tertulia de septiembre de 2019.

 

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Por María Ortiz

1 comentario en “Cuestión de perspectiva”

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