La mujer que decide

La biografía de Theodor Fontane contenta a no pocos públicos. A quienes no pierden la esperanza en que acabe prendiendo la chispa creativa (publicó su primera novela, “Antes de la tormenta”, siendo un sesentón), a los aficionados al senderismo y la literatura de viajes (se pateó Brandeburgo y reunió sus impresiones en “Paseos por la Marca de Brandeburgo”), a quienes van en busca de perejiles de todas las salsas (sin duda, Fontane no se perdió una, fue cronista de guerra y llegó a luchar como revolucionario en las «barricadas» de Berlín en marzo de 1848), a quienes les gustan las historias que reflejan la vida sencilla, la rutina, los modos y maneras del paisanaje condicionado por su paisaje (eso que unos llaman costumbrismo, pero que, en plumas virtuosas, pasa a ser retrato psicológico de personajes de carne y hueso).

A propósito de los 200 años trascurridos desde su nacimiento, en 2019 se celebró el Año Fontane con especial intensidad en Berlín. Él nació cerca, en Neuruppin, y durante su vida estuvo muy unido a la capital alemana, donde ambientó además gran parte de sus obras.

Tuvimos la oportunidad de leer y comentar «La adúltera», una de sus «novelas de mujeres», pero que, a diferencia de otras, afronta el adulterio desde un punto de vista rompedor. No es la historia de un simple triángulo amoroso ni la crónica de una infidelidad: tiene más que ver con el poder de decisión de la mujer y el valor de las segundas oportunidades.

Ritmo lento

La tensión narrativa decididamente no siempre está lograda. Tarda en arrancar la trama interesante. Además, las continuas alusiones a malos presagios, ese fatalismo, muy del gusto protestante, ese sentirse predestinado, se hace demasiado repetitivo.

El paso de la acción a la descripción y viceversa (es decir, ahora me paro para describir, ahora toca avanzar) es un tanto seco en algunos pasajes.

Maestría en la composición de escenas

Fontane es mucho más acertado en la composición de escenas y en cómo los personajes se mueven en ellas. Eso es decididamente lo que le saca de la etiqueta de costumbrismo folclórico y le hace deslizarse hasta los terrenos -más fértiles e interesantes- del realismo crítico, siendo incluso considerado como precursor de la novela psicológica moderna. Fontane ambienta bien, recurre a marcas temporales, al santoral, a lo que es costumbre, para ir pautando el trascurso de la acción.

Dominio de registros de la lengua

No se corta un pelo en incluir expresiones coloquiales, si eso ayuda a caracterizar al personaje, a rematar el trabajo de ambientación. Lo mismo hace gala de un bagaje cultural apabullante (destacan, por ejemplo, sus conocimientos de arte y pintura), como habla en el dialecto berlinés, colando expresiones como “Dit is Jacke wie Hose” (=”Das ist Jacke wie Hose”), que en español tendría como equivalencia “Da igual 8 que 80”. Hay referencias a narraciones populares, como el cuento del pescador. Bebe de diversas fuentes y se mueve a placer por distintos registros de la lengua.

La ironía, su arma para la crítica

Recurre a la ironía para criticar la podredumbre de la alta sociedad, que basa su comportamiento en apariencias y en relaciones sociales más determinadas por el interés de medrar o figurar, que por la amistad que puedan reportar. La importancia de la clase, la necesidad de aparentar poder es básico en especial para la burguesía que empieza a tomar posiciones en la sociedad naciente.

Desencadenante 100% provocador

«La adúltera» tiene una estructura clásica: planteamiento, nudo y desenlace. Pero lo que resulta en todo punto atrevido dado el momento en el que esto escribió, es el factor desencadenante del conflicto: el choque de Melanie, la protagonista, con las convenciones sociales. Resulta que una mujer, llamada a ser florero y conformista con su rico marido, su situación confortable y sus dos hijas que rozan la perfección, se enamora de otro hombre y decide irse de la casa, abandonarlo todo e iniciar una nueva vida junto a su amor. Con este golpe de timón de Melanie quedan, a su vez, al descubierto la poca profundidad de las amistades que ella tenía por sólidas, además de la hipocresía, la doblez de la sociedad a la que pertenece.

Importa el cómo, no tanto el qué

Fontane, como hizo Clarín en “La regenta” o Flaubert en “Madame Bovary”, sube a escena el adulterio, pero, ¿cómo lo afronta el autor prusiano? ¿Cómo construye a su personaje, Melanie, para que afronte su realidad? Está claro: Melanie quiere vivir en paz consigo misma, sin rostro doble, sin mentir ni ocultar sus sentimientos. Tiene, para ello, que recorrer un camino duro. “Debo encontrar el camino sola”, llega a decir. La originalidad, para mí, está en ese paso al frente dado por Melanie. Llámalo valentía, si lo prefieres. Decidió salir de la jaula de oro y rehacerse a sí misma.

Símbolo de una nueva época

Melanie es también símbolo de una nueva época que se va abriendo paso, donde el ser humano en general empieza a poder elegir su destino, frente al derecho de cuna de épocas anteriores, y de una sociedad en el que la mujer comienza a hacer valer su independencia y poder de decisión. Es entonces cuando empieza a hablarse de promover la participación de la mujer en la vida social en igualdad al hombre. De hecho, el vínculo que tiene Melanie con Rubén, su nueva pareja, está basado en valores muy válidos en la actualidad, como es la escucha, el apoyo, cuidarse el uno al otro, la confidencia y el equilibrio en la pareja.

Berlín, tierra de oportunidades

Berlín es escenario de esa sociedad en transformación, donde raigambres pretéritas chocan con los nuevos valores. Todos tienen un sitio en Berlín, lo caduco y lo rompedor. Y sigue siendo así.

Fontane es hijo de hugonotes llegados a tierras prusianas desde Francia, de donde fueron expulsados por razones religiosas. En Berlín y Brandeburgo encontraron un lugar donde empezar de nuevo, su segunda oportunidad. También lo es para Melanie.

Aunque el Berlín actual está muy modificado, es posible hacer una ruta por localizaciones de escenas de la novela.

También de interés

  • «Und alles ohne Liebe | Theodor Fontanes zeitlose Heldinnen» («Y todo sin amor | Las heroínas atemporales de Theodor Fontane». Burkhard Spinnen. Schöffling & Co.

Ficha

  • Título: La adúltera (en original “L’adultera”).
  • Autor: Theodor Fontane (1819-1898)
  • Año: 1882 [Apareció inicialmente por entregas en la revista “Nord und Süd” en 1880].
  • Comentado en la tertulia de octubre de 2019

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Por María Ortiz

1 comentario en “La mujer que decide”

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