Sangre, muerte y… relatos

El escritor uruguayo Horacio Quiroga, en su “Decálogo para el perfecto cuentista”, cita como primer mandamiento: “Cree en un maestro —Poe, Maupassant, Kipling, Chejov— como en Dios mismo”. Seguimos su indicación y elegimos uno de los maestros que propone, el autor norteamericano Edgar Allan Poe, de quien seleccionamos cuentos cuya huella se deja ver en otros de Quiroga. “Maestro y discípulo” titulamos la tertulia de julio de 2018, en la que nos acercamos a la obra y a la vida de Poe y Quiroga, primeros espadas de una narrativa que no escatima en sangre, sudor y muerte.

Tormento en vida

La muerte y la tragedia sobrevuelan las trayectorias vitales de ambos autores.

Poe murió joven. Tenía 40 años. Aún no está claro si de tuberculosis, infarto, como consecuencia del consumo de drogas (era adicto al láudano)… Se casó con su prima -prácticamente adolescente-, quien murió de tuberculosis dos años después.

Quiroga tuvo una vida marcada por la tragedia, los accidentes, las rupturas y los suicidios: muerte de su padre por accidente con escopeta, el suicidio del padrastro delante de él mismo, la muerte de dos hermanos por tifus, el suicidio de su primera esposa, la ruptura con su segunda esposa, su propio suicidio: bebió cianuro cuando se enteró de que tenía cáncer. Murió con 58 años.

Ambientación acertada, tensión narrativa de vértigo

Están, por tanto, impregnados de tragedia. Ese contacto tan cercano con experiencias trágicas les facilita la labor de ambientar el relato en lo tétrico, de situar los personajes en la escena de tal forma que las circunstancias solo puedan desenvolverse en una dirección terrorífica. Destaca al respecto “La gallina degollada” de Quiroga y “La caída de la casa Usher” de Poe. En particular, Poe es un maestro en descripciones demasiado detalladas, como ese paso a paso con pelos y señales con el que va dando cuenta de la descomposición del señor Valdemar, que raya lo que hoy se conoce como “terreno gore”. Apura los límites de una realidad que define con precisión y coloca a los personajes, y al lector con ellos, ante lo desconocido, preludio de algo no precisamente bueno.

Incomodar al lector

En esto, ambos son expertos. Sientan al lector en poltrona privilegiada. El lector es testigo directo de experiencias sufridas por el narrador y que casi siente padecer en carne propia. Especialmente angustiosa me resultó la lectura de “El pozo y el péndulo” de Poe y “A la deriva” de Quiroga.

La fragilidad humana

No somos nadie. El ser humano, que se ve invencible, en los mundos de Quiroga y Poe recibe no pocas lecciones de humildad. En “La máscara de la muerte roja”, Poe relata la arrolladora fuerza de la enfermedad ante la que las víctimas poco pueden hacer. Las experiencias vividas tienen evidentemente una influencia.

En Quiroga llega de la mano de una naturaleza implacable y todopoderosa, en la que el ser humano es la pieza más débil. Se ve claramente en “El almohadón de plumas”, “A la deriva” y «La miel silvestre». Quiroga siempre se sintió atraído por la selva, donde vivió por temporadas. Allí conoció esa lucha desigual entre la naturaleza y el ser humano que suele terminar con la derrota del último.

Lo sorprende, lo extraordinario

Las incursiones de Poe en el mesmerismo (hipnosis), las ciencias ocultas o la criptografía, le llevan a trazar argumentos donde se fuerza el límite de la realidad. Esto queda claro en “La verdad sobre el caso del señor Valdemar”, relato en el que pretende hacer verosímil lo imposible. En el cuento «Los buques suicidantes» de Quiroga también aparece lo extraordinario como posibilidad.

El monstruo humano

Los dos autores acentúan en sus relatos los instintos más salvajes y brutos del ser humano, el verdadero «malo» de la película. Lo monstruoso anida en el alma humana, tal vez en su parte más salvaje, más irracional, más indómita, y no necesariamente en lo sobrenatural (tesis que nutre otro clásico leído en el grupo de lectura: “El señor de las moscas” de William Holding).

Lo vemos en Poe en “El gato negro” y en Quiroga en “La gallina degollada”. Precisamente en este relato actúa la envidia visceral como desencadenante de la desgracia, en “El solitario”, la codicia y la gula en “La miel silvestre”.

Se trata, al fin y al cabo, de la deshumanización del hombre, que cede su voluntad a los instintos más primitivos. Siguiendo sus impulsos surgen los problemas y la trama de varios cuentos.

Justicia divina

Se deja ver, por tanto, cierto ademán moralizante, eso que se hace llamar “justicia divina” para los que infringen la norma moral, de claro componente religioso (cristiano).

La culpa

Y, claro, la culpa es por supuesto un sentimiento que aflora en algunos de los textos leídos. Por ejemplo, en “Eleonora”, al marido le atormenta la idea de que amar a otra mujer una vez muerta la suya, fuera tomado como algo irrespetuoso, como una afrenta a la memoria de la fallecida.

La mujer en los relatos

En Poe las mujeres dejaron una huella significativa: él recibió cariño de sus madres, la biológica y la adoptiva, frente el rechazo que obtuvo de sus padres. La mujer, para él, es el ángel que libra de la culpa, como es Eleonora en el cuento homónimo. En otros relatos aparecen como víctimas frágiles de enfermedades o de circunstancias adversas. Es el caso de la hermana de Usher en ese relato. También en Quiroga, en la niña de “La gallina degollada” y en la protagonista de “El almohadón de plumas”, está este aspecto de las mujeres como la parte más vulnerable de una lucha sin cuartel.

Se habló en:

  • Canción “Carta al futuro”. Eros Ramazzotti. Resume el argumento del cuento de Poe “La máscara de la muerte roja”.
  • Novela “El señor de las moscas”, de William Holding.
  • Serie de terror “Historias para no dormir” (1966), dirigida por Narciso Ibáñez Serrador.

De interés

 

Ficha

Tertulia «Maestro y discípulo»: Selección de cuentos de Horacio Quiroga y Edgar Allan Poe

  • Horacio Quiroga (1878-1937)
  • De su obra “Cuentos de amor, de locura y de muerte”, leímos estos cuentos: “El solitario”, “La gallina degollada”, “Los buques suicidantes”, “El almohadón de plumas”, “A la deriva” y “La miel silvestre”.
  • Edgar Allan Poe (1809-1849)
  • Relatos: “El gato negro”, “La verdad sobre el caso del señor Valdemar”, “El pozo y el péndulo”, “La caída de la casa Usher”, “La máscara de la muerte roja” y “Eleonora”.

Obras comentadas en la tertulia de julio de 2018.

 

Por María Ortiz

 

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