Crónicas humanas

Borges era difícilmente impresionable. De ahí que expresara su extrañeza al haberse sentido tan hondamente interpelado por unos relatos que tienen a marcianos por protagonistas y por telón de fondo, la colonización terrícola del planeta rojo. «¿Cómo pueden tocarme estas fantasías, y de una manera tan íntima?», confesaba en el prólogo que escribió para la edición en castellano de 1955 de las «Crónicas marcianas» de Ray Bradbury.

Tal y como él mismo concluía en ese texto más adelante, porque bajo esa carcasa «fantasmagórica», lo que hay son crónicas tan humanas como las que se dejan leer en cualquier periódico cuyos titulares mojamos en el café del desayuno, en cualquier revista que hojeamos en la sala de espera de turno, crónicas como las que han relatado a lo largo de la historia de la humanidad sus grandes hazañas, que han llenado sus páginas más execrables. Gloria y guerras, grandezas y miserias que trazan la trayectoria del ser humano y que Bradbury continuó glosando en el libro que nos ocupa. Lo de menos es la cosa marciana. Lo de más, los retos, netamente humanos, que soportan las tramas. De un verismo que estremece.

Nunca antes había leído una ficción ambientada en tierras más remotas que, sin embargo, hable mejor sobre las cuestiones profundas que atañen a la condición humana desde que el mundo es mundo. Y, por cierto, en este contexto actual, «nueva normalidad» lo llaman, estas “Crónicas marcianas” tienen un eco especialmente inquietante. Vamos, que son una lectura imprescindible en esta realidad rara, rarísima en la que nos movemos -lo que nos dejan- y existimos.

Estructura

Cada capítulo es una historia completa en sí misma. De hecho, algunas fueron publicadas como relatos de manera independiente y posteriormente incorporadas como parte de un todo que cuenta la conquista humana de Marte en cuatro expediciones.

La estructura general se divide en tres partes, marcadas por dos catástrofes: la casi extinción de los marcianos y la casi extinción paralela de la raza humana.

Grandes cuestiones humanas

El propio autor rechazó que a su libro se le etiquetara como de ciencia ficción. De hecho, sus referentes a la hora de escribir «Crónicas marcianas» hay que buscarlos más en los mitos griegos y romanos, el descubrimiento de América y la conquista del Oeste o el trato de los colonos europeos con los nativos, que en otros autores del género de ciencia ficción o de fantasía con conexiones con la ciencia.

Que no es una obra de ciencia ficción, al menos en su sentido más ortodoxo, quedó mismamente probado con el hecho de que el principal editor del género de la época, John W. Campbell, no aceptara los cuentos de Bradbury en la revista Astounding Science-Fiction.

En la recreación de la atmósfera de Marte que hace Bradbury efectivamente predomina el componente onírico frente a prolijas descripciones tecnológicas. Puede la alegoría y el andamiaje fantástico y de terror, si me apuras, antes que reconocerse en sus historias el corpus de ciencia ficción al uso.

«Crónicas marcianas» habla sobre emociones netamente humanas, unas dignas, otras repugnantes, pero que mueven en cualquier caso al terrícola de a pie. Así, en estos relatos está presente la indecencia del racista Teece, pero también la humanidad y solidaridad del arqueólogo Spender. Está el deseo de sentirse amada en la marciana «Ylla» o querido y mimado en el cambiaformas «Tom». Aparece también la migración como reto (hay pasajes que recuerdan a «Las uvas de la ira» de John Steinbeck). Hay androides que anhelan la vida humana, hay humanos tratados como esclavos por otros humanos. 

Marte como espejo

Marte es el espejo, es la coartada, es el plano de ficción que Ray Bradbury interpone para salvar de la censura el mensaje, su mensaje. Marte es su Don Quijote y su Sancho.

Y sí, acaba criticando el estilo de vida americano, podrido bajo una bella manta de apariencia, como hace en el capítulo «Ylla». “El matrimonio nos avejenta, nos hace rutinarios”, dice la marciana a su marciano, marciana y marciano que, como el resto de sus iguales, usan máscaras para ocultar los sentimientos y mostrar «lo que debe ser mostrado».

Y muestra con descaro la capacidad destructora del ser humano, que arrasa y asola en nombre de una civilización que se encarga también de llevar hasta el precipicio, o el racismo y la esclavitud, tan explícito en “Un camino a través del aire”.

«Crónicas marcianas» incomodan por los muchos puntos en común que tienen con nuestras pequeñas y grandes historias mundanas.

Tono elegíaco…

El tono general es el propio de la elegía. La destrucción que llevan consigo los humanos es… irrefrenable y ante ello cabe poco más que lamentarse.

[(SPOILER). No solo se contentan con llevar la Tierra a su ocaso. Parece como si les resultara inevitable hacer lo propio en el planeta vecino. Acaban convirtiendo Marte en su mina, su zona de explotación, su sucio patio de atrás.

Un Marte de colores armónicos habitado por seres casi etéreos, un Marte bucólico que acaba violentado por los humanos, más que héroes, auténticos villanos, con honrosas excepciones, como Spender, humanos que asolan el planeta rojo como las plagas de langostas hacen con los cultivos (de hecho, hay un capítulo que precisamente se titula así, «Las langostas»), marcianos que mueren masivamente tras haber contraído una enfermedad terrícola, la varicela, detalle que recuerda las muertes de nativos en América. La viruela y el sarampión fueron perfectos aliados en el éxito de la conquista española. Ingleses y holandeses usaron mantas contaminadas con viruela para infectar y matar a nativos de la costa este americana.]

… con brotes de humor

como el momento en el que la marciana echa de su casa al capitán porque le está pisando el suelo que acaba de fregar.

Hay algo de humor macabro, o justicia divina, en el capítulo «Usher II» (que comentaré más al detalle más adelante).

¿Motivos para la esperanza?

Sí y no. Bueno, venga, vale, gana por la mínima el «sí». De una u otra manera (ya lo descubrirás si no has leído el libro aún, ya sabrás a lo que me refiero si ya lo has hecho), la vida acaba abriéndose camino.

¿Qué hay de la ciencia?

En el libro se deja ver que en esa realidad futura se constatan avances científicos, como la capacidad de rejuvenecer a las personas. Sin embargo, la idea que se mantiene en los relatos es que el afán cientificista no redunda necesariamente en procurar bienestar. Sí que, por el contrario, abundan las escenas que muestran el colapso científico, la inutilidad de la ciencia cuando no hay seres humanos que puedan hacer uso de ella, caso del capítulo de la casa domotizada «Vendrán lluvias suaves».

Hay, además, dos frases muy ilustrativas del planteamiento de Bradbury ante la ciencia. Una, la dicha por Spender:  “Los hombres hemos acabado con la civilización al no poder armonizar ciencia, arte y religión”. Otra, la del gobernador “marciano” de la Tierra: “La gente se perdió en una maraña mecánica”.

No podemos perder de vista que los relatos que componen «Crónicas marcianas» son publicados unos pocos años después de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. Todos ellos están impregnados de los planteamientos éticos y filosóficos que se derivaron de aquel hito histórico y que no dejan precisamente en buen lugar a la ciencia.

Lirismo

La lectura de las crónicas, pese a la hondura de los temas que trata, resulta una delicia obra y gracia del estilo literario, una hermosa prosa que alcanza momentos de extremo lirismo.

Especialmente significativos son el capítulo «La mañana verde» y «Encuentro nocturno», donde encontramos, por ejemplo, frases como: «Esta noche había en el aire un olor a tiempo». Una belleza, ¿o no?

La literatura, el arte sublime

Grandioso el capítulo «Usher II». Solo por este pasaje merecen la pena «Crónicas marcianas». Hay mucho de las quemas de libros que se han llevado a cabo a lo largo de la historia de la humanidad y que el propio Bradbury desarrolla después en otra de sus obras icónicas «Fahrenheit 451». Léelo, por favor. Cuando lo acabes, te sentirás henchido de satisfacción, tanta que no te va a quedar otra que leerte el resto de relatos.

Un ricachón llamado Stendahl da una fiesta en su mansión a la creme de la creme de Marte. «Usher II» -sí, Edgar Allan Poe tiene algo que ver en todo esto- es… una desmesura, un ajuste de cuentas frente al mal de la ignorancia.

Las referencias literarias no se agotan en este relato. La obra está salpicada de poemas de distintos autores (Byron, Teasdale…) que, incorporados a la trama de Bradbury, adquieren nuevas connotaciones. Especialmente impactante es «Volverán lluvias suaves» que aparece en el capítulo con el mismo nombre. Tomo solo estos versos, muy ilustrativos: «A nadie le importará ni a los pájaros ni a los árboles,/ si la humanidad se destruye totalmente/; y la misma primavera, al despertarse al alba/apenas sabrá que hemos desaparecido».

Otros detalles interesantes

  • El capítulo «Ylla» está narrado desde la perspectiva marciana. Habla de la Tierra como «el tercer planeta», por ejemplo, y Marte, claro está, no se llama «Marte» para los marcianos.
  • Los marcianos tienen una especial habilidad para que sus fantasías tomen corporeidad. “Alucinación sensorial” denominan a este fenómeno. Me encanta que las «armas», los puntos fuertes marcianos sean la telepatía, la hipnosis, la memoria… la imaginación.

También hablamos en la tertulia

  • Ediciones Minotauro ha sacado una nueva edición del libro, especial y numerada, con ilustraciones del diseñador Edward Miller y dos cuentos nuevos, «Los globos de fuego» y «El desierto», este último inédito en español.
  • Temas musicales y poemas en «Crónicas marcianas» (enlace a un artículo publicado en billardeletras.com).
  • Guerra Fría y Crónicas Marcianas (enlace a un artículo de Fabricio Tocco publicado en la Revista de Literatura y Alrededores «Pliego suelto»).
  • Análisis del relato «Vendrán lluvias suaves».
  • Entrevista a Manuel Toharia: «Los humanos somos una especie depredadora por definición». Publicada en El Mundo el 23 de junio de 2020.
  • Serie «Seven Seconds» (2018). Un joven afroamericano es atropellado accidentalmente por un policía blanco. Las tensiones raciales centran el argumento.
  • Futurium Berlin. Un nuevo concepto de habitabilidad y de espacio expositivo.

Ficha

  • Título: Crónicas marcianas
  • Autor: Ray Bradbury
  • Fecha: 1950
  • Comentado en la tertulia de junio de 2020

 

Por María Ortiz

 

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1 comentario en “Crónicas humanas”

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