Lo que pudo ser y no fue

Tristana suena a tristeza y este sentimiento es el que nos dejó como poso la lectura de la obra de Benito Pérez Galdós sobre la que hablamos en la tertulia de abril. Porque es la historia de una derrota o de lo que pudo ser y lamentablemente no fue. Tristana es en potencia esa mujer nueva que busca y reivindica su lugar en la sociedad del siglo XIX como entidad emancipada del hombre y en pie de igualdad de derechos y libertades, empresa en la que fracasa. Los viejos clichés siguen marcando el ritmo.

La pluma formidable de Galdós, su maestría para recrear ambientes o la plasticidad de sus descripciones fueron otros aspectos que suscitaron interés y provocaron comentario.

Año Galdós “desdibujado”

La tertulia de abril la dedicamos a Galdós. Quién mejor que él, un maestro de la literatura en castellano, para centrar la tertulia del mes por excelencia de las letras hispanas en el que se conmemora año tras año el Día del Libro, que coincide con el aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes. Un autor, Pérez Galdós, que es, además, un apasionado cervantista, como en la obra que nos ocupa también deja ver (lo comentaré más adelante).

En 2020 quedó desdibujado el centenario galdosiano. La pandemia restó lustre a los homenajes que se habían planteado en torno al canario de nacimiento, madrileño de adopción. Sin embargo, la lectura de su obra es un privilegio al alcance de cualquiera en cualquier momento y el recogimiento al que las circunstancias llevaron, hicieron más propicio embarcarse en la lectura de sus obras más voluminosas, caso de “Fortunata y Jacinta” o de los “Episodios Nacionales”, o de otras de menor extensión, como “Tristana”, sobre la que las “tildes” hablamos en el mes de los libros.

Esbozo de la mujer moderna

Además de por el hecho de que la longitud del texto se ajustaba a los parámetros habituales en nuestro grupo de lectura, propuse “Tristana” por tratar un tema con el que dábamos continuidad a los relatos de Soledad Acosta de Samper que veníamos de leer el mes anterior.

Tristana concretiza ese querer ser, esa tendencia, ese ideal de lucha y batalla que ya empieza en la sociedad decimonónica en la que, sin embargo, sigue pesando el conservadurismo, que ejerce una inercia aún muy fuerte, prestando una gran resistencia al cambio.

Galdós nos hace aterrizar en una sociedad nueva y en transformación. Esos cambios se ven en la novela: en el paso del peso de la aristocracia y el clero al de la incipiente burguesía, en lo concerniente a la moral y al reconocimiento de la mujer, en lo tocante a la redefinición de roles. Sin embargo, los viejos clichés siguen funcionando.

Crítica

La trama, cómo la plantea Galdós y acaba resolviendo, le permite reflejar a la perfección el espíritu de la época y esa tensión entre el conformismo y la renovación: la huérfana Tristana es acogida por un amigo de la familia, Don Lope, hidalgo venido a menos, mujeriego, que opera sobre ella como tutor-padre-seductor y que es una de las piezas del triángulo amoroso, al que se añade Horacio, artista del que ella se enamora.

Lo que hace pues Galdós en “Tristana” es una fotografía de su tiempo, con toda la intencionalidad que esto conlleva. Una intencionalidad crítica, identifico yo claramente. Los escritores naturalistas y realistas critican mostrando. Seleccionan de la realidad aquella parte que desean denunciar. La simple exposición debe bastarle al lector para indignarse, sublevarse y rebelarse contra esto o aquello. O para meramente compadecerse. Este es el pro y el contra también que despierta la literatura realista, denostada por buena parte de la crítica, que pide algo más que una mera exposición de motivos. Galdós, a mi juicio, sí que avanza más allá de tan solo mostrar unos hechos que generan indignación, que indisponen y molestan, pues penetra absolutamente en el alma de unos personajes que tienen muchos matices. Con una gran habilidad -las primeras páginas son magistrales- va narrando desde la perspectiva de los propios personajes y salta de uno a otro, variando a la par el punto de vista narrativo, mostrando cómo ve cada uno de ellos la realidad de los hechos. Así resuelve, por ejemplo, la exposición de Don Lope como un monstruo sin escrúpulos al que la sociedad perdona su aire de donjuán, mientras que condena muy injustamente a Tristana, la víctima, objeto, por tanto, de esa doble victimización: ser víctima de abuso y ser rechazada por la sociedad, que la ve como “manchada” por el pecado (la idea de la mancha, tan cervantista, por cierto…). Este hecho es absolutamente tremendo. Y este era el código moral vigente. Y punto. Este “y punto” es tan sumamente letal que la manera en la que Galdós traza las diferentes capas que definen las circunstancias y los personajes que en ellas se mueven, convierte esa mera exposición en ocasión para una crítica sin paliativos.  

Ese “y punto”, ese ademán arcaico y rancio, define muy negativamente a aquella sociedad, por mucho que aquella fuera una sociedad en transformación, como se refleja también en el libro, con el creciente protagonismo de esa burguesía que hace usura con los bienes que Don Lope debe ir vendiendo para ir subsistiendo, burguesía que compra cuadros para decorar sus casas, que da pie a la proliferación de artistas como Horacio.

Final fallido

Pese a la admiración y devoción -en muchos aspectos- que profesaba por Galdós, Emilia Pardo Bazán catalogó esta novela como obra con final fallido, en tanto en cuanto no triunfa el desafío de la Tristana empoderada. Pardo Bazán sí que hizo vencer a esa “mujer nueva emergente” en “Memorias de un solterón”, que hemos tenido ocasión de comentar ya en el grupo de lectura, novela en la que Feíta, la protagonista, compendia los rasgos de mujer independiente dueña de su destino. Ya en su día, en aquella tertulia, convenimos en que Feíta era más un ideal de mujer que una mujer creíble y real en el contexto en el que fue concebida, por mucho que la propia Pardo Bazán fue una mujer adelantada a su tiempo, una fabulosa y dignísima excepción, y llevó a su vida ese ideal por el que luchaba, pero ciertamente la heroína de esta obra a la que me acabo de referir no era una representación de la mujer de su época, como tampoco lo era, permitidme el salto en el espacio, la Melanie de “La adúltera” de Theodor Fontane, que también hemos leído en el grupo. Tanto Feíta como Melanie son personajes con los que los lectores y lectoras del siglo XXI sintonizan y simpatizan y cuyo arrojo de plantarse y vencer en la ruptura que suponen, alabamos. Pero lamentablemente eran una celebrada minoría anecdótica.

Volviendo a Tristana. La pérdida de la pierna es muy importante en la novela, pues esto simboliza la incapacidad de Tristana para avanzar en la vida. Tristana no puede ir en contra del rol que le asigna el discurso masculino.

Desencanto patrio

Avanzo ahora hacia otro nivel de lectura de la obra -como obra que es de un maestro de la literatura dispone de varios- y es el de la intención de Galdós de criticar el abandono de los ideales y el aburguesamiento de la nación española durante la Restauración, época en la que concibe y publica la obra (1892), ya que los liberales que defendían la república terminaron igual de patriarcales que los monárquicos y conservadores. En este sentido, Tristana, como la nación española, se queda estancada y no avanza. La vida del español de la Restauración se encasilla en roles creados por el sistema político económico que, como el hogar de Tristana, es una farsa progresista porque en realidad ya se han perdido los ideales liberales que sustentaban la república.

Galdós, español liberal, quedó profundamente decepcionado. Y esa decepción, esa tristeza cristaliza en «Tristana», novela en la que todos los personajes terminan acatando antiguas autoridades (como la de Iglesia). En el fondo, Galdós lamenta la gran resistencia española al cambio.

Trasfondo personal

Estando leyendo la novela, en particular la parte del noviazgo entre los amantes y el posterior intercambio de correspondencia, tuve una especie de dejà vú. La abundancia de expresiones cursis en las cartas, ese doble lenguaje de los tortolitos ya lo había leído yo en otro sitio. Y tan cierto que sí: en “Miquiño mío. Cartas a Galdós”, libro que recoge cartas que Emilia Pardo Bazán remitió a Benito Pérez Galdós a lo largo de su vida. Además de una relación profesional y de amistad, mantuvieron una relación sentimental durante un tiempo, y en buena parte de estas cartas están esos mismos apelativos cariñosos, esos juegos de palabras, esa introducción de expresiones en otros idiomas, esas llamadas de atención, retóricas, evocadoras, presentes en el lenguaje de Horacio y Tristana.

Estas coincidencias entre la relación Tristana-Horacio y la de Galdós-Pardo Bazán no son casuales. En la historia de amor fallida de Horacio y Tristana, auténtica y mágica en un inicio, está también en parte su historia de amor con Pardo Bazán, si no fallida, porque siempre mantuvieron una especial complicidad, sí con fecha de caducidad.

Plasticidad pictórica

En la prosa todo fluye y lo hace al ritmo que marca la gente en su cotidianidad más trivial. Esto explica su cuidado exquisito con el lenguaje, coloquial cuando toca, nunca vulgar. Es el suyo un estilo directo, colorido, fresco, que facilita conectar con el lector y hacerle sentirse testigo de la acción.

La plasticidad pictórica de sus descripciones probablemente se vea favorecida por su afición al dibujo.

Cervantismo

Su admiración por Miguel de Cervantes y el Siglo de Oro es patente en múltiples detalles. Cuando nos introduce al personaje de Don Lope viene ineludiblemente la silueta de Don Quijote, el pragmatismo de Sancho está en Saturna, su criada, a quien hace depositaria también de los saberes populares.

Tristana recuerda al escudero del Lazarillo de Tormes, que idealizaba la realidad.

Don Lope recuerda a Don Juan de «El burlador de Sevilla» de Tirso de Molina. Don Juan se llama Don Lope en la partida de nacimiento. A su vez, Tristana llama «Don Juan» a Horacio.

De tu interés

  • Ficción sonora “Retransmisión del entierro de Galdós”. Equipo de “Mas de uno”, de Carlos Alsina, Onda Cero. Enero de 2020.
  • “Miquiño mío. Cartas a Galdós”. Edición de Isabel Parreño y Juan Manuel Hernández. Edición de 2013. Es una colección de cartas escritas entre 1883 y 1915. Aquí puedes leer una reseña de la obra
  • «Tristana», película dirigida por Luis Buñuel (1970). Protagonizada por Catherine Deneuve (Tristana), Fernando Rey (Don Lope) y Franco Nero (Horacio).

Ficha

  • Título: Tristana
  • Autor: Benito Pérez Galdós
  • Año: 1892
  • Comentado en la tertulia de abril de 2020

Por María Ortiz

1 comentario en “Lo que pudo ser y no fue”

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