La mujer y su derecho al deseo

Emilia era mucha Emilia. Carácter y gracia no faltaron ni en su vida ni en su obra e «Insolación» es una magnífica muestra de ello. Se trata de una joya de su rica producción literaria que compendia los rasgos más significativos de su estilo narrativo y de su personalidad arrolladora.

Pardo Bazán hizo de su capa un sayo en la realidad y esa determinación hace que sus ficciones tengan un eco poderoso. No son, no, sus obras una proyección de sus anhelos, como sucede con otros artistas. Ella es el sueño cumplido de los personajes de sus tramas. Ella está por encima del destino de sus personajes. De hecho, lo que convierte «Insolación» en una reivindicación de la igualdad de mujer y hombre en cuestiones morales como el derecho a desear sin censura, es un episodio de su propia vida, el relativo a la relación fugaz que mantuvo con Lázaro Galdeano y que de alguna manera puede reconocerse en «Insolación» en el «calentón» de Francisca de Asís por Diego Pacheco, sus protagonistas. Al contrario de cómo acaba el libro, en su vida en ningún momento Doña Emilia se planteó casarse con quien tan solo había tenido una aventura.

En la tertulia, muy participada y en la que el tiempo se nos antojó poco, también nos referimos a Emilia Pardo Bazán como continuadora sólida de la línea de fuerza de la narrativa española. Hay una innegable impronta cervantina en su obra y en «Insolación» se aprecia en cuestiones como la interposición de pantallas, la polifonía narrativa o la maestría para manejar la ironía y caminar sobre la débil frontera que separa la realidad de la ficción -por ejemplo, hasta dónde llega lo autobiográfico-, o la lucidez de la locura -de la insolación, en este caso-, recursos todos que le sirven a la autora de escudo de protección de las críticas, a la vez que de tribuna desde la que censurar la hipocresía de la sociedad y la desigualdad de la mujer.

«Insolación» es también un canto a la libertad individual frente a la presión del grupo, algo que Emilia Pardo Bazán convirtió en lema de vida y que la sitúa como el ideal al que aspiran sus personajes.

Puntos interesantes

Calor, calor, ¡mucho calor!

De «Insolación» lo primero que llega es una impresión, una sensación, un bofetón de calor. También cuando leímos y comentamos «Pedro Páramo» sudamos la gota gorda. Son textos que comparten esa capacidad de activar la sensorialidad del lector y captarnos y capturarnos por lo perceptivo.

Pues bien, el solarín que pescó Francisca de Asís en su jornada erótico-festiva con Diego Pacheco en la pradera de San Isidro lo hemos podido sentir también sobre nuestro cogote. Y hemos padecido con ella la jaqueca y la calentura y el agobio de no poder reprimir su deseo, impetuoso, ingobernable. Esto confiesa Asís: “¡Ay qué noche… noche de perros! ¡Qué bascas, qué calentura, qué pesadillas, qué aturdimiento, qué jaqueca al despertar! Y, sobre todo, ¡qué compromiso, qué lance, qué parchazo! ¡Qué lío tan espantoso!… ¡Qué resbalón!”.

La mujer, centro de gravedad permanente

Entramos en el libro con esa sensación en el cuerpo y, ya metidos en ambiente, vamos recorriendo las distintas fases que Asís va atravesando durante los días que siguieron a su «despertar» a una nueva manera de estar en la vida, a su «reconocimiento» en la piel de un ser que desea poder desear a otro sin que se le castigue por ser de un género determinado. Esa es la intención que preña cada recurso que emplea Pardo Bazán. Todo, absolutamente todo en «Insolación» gira alrededor de la mujer y su derecho a desear y sentirse deseada como lo tiene el hombre. Dice el personaje Gabriel Pardo: “A nosotros nos enseñan lo contrario; que es vergonzoso para el hombre no tener aventuras y que hasta queda humillado si las rehúye”.

También sale a relucir la desigualdad en el acceso a la educación entre mujeres y hombres, por ejemplo en la conversación que mantienen Francisca de Asís y Gabriel Pardo a cuenta del «barbarismo» que este identifica en los españoles. Entonces Asís comenta, refiriéndose a las mujeres españolas, «¿Somos salvajes también?», a lo que Pardo responde, «También y acaso más que los hombres, que al fin ustedes se educan menos y peor».

Otro tema reiterado es la denuncia del encorsetamiento de la mujer en unos roles sociales determinados. Asís confiesa, mientras intenta reponerse después de la insolación y la borrachera: «Hay que disimular -pensé-. Que Pacheco no se entere… ¡Virgen, y qué vergüenza, si lo nota!». La mujer, por tanto, «tiene que» fingir, disimular, aparentar, actuar conforme a lo que se espera de ella, que sea un «ángel del hogar», una suerte de ser asexuado y abnegado.

Cervantismo

  • La cohabitación de lo real y lo ficticio, la lucidez y la locura, que vertebra «El Quijote», es un continuo en «Insolación». Valga este párrafo de ejemplo: “Sin duda ya me habían depositado en tierra firme, pues noté un consuelo grandísimo y luego una sensación inexplicable de desahogo, como si alguna manaza gigantesca rompiese un aro de hierro que me estaba comprimiendo las costillas y dificultando la respiración. Di un suspiro y abrí los ojos. fue un intervalo lúcido, de esos que se tienen aún en medio del síncope o del acceso de locura, y en que comprendí claramente todo cuando me sucedía”.
  • Polifonía narrativa. En «Insolación» se alternan un narrador omnisciente neutro, un narrador que es juez y parte en la historia en uno de los capítulos más duros del texto, personificando a esa sociedad cicatera y criticona sometida a la convención moral, y la propia protagonista de la historia ejerce de narradora en varios capítulos, lo que nos permite adentrarnos en sus pensamientos y en sus emociones.
  • Ironía. De Cervantes toma también el tono, de comicidad de poso trágico, la naturalidad y «campechanía» en momentos íntimos, la piedad con la que mira a sus personajes, la capacidad de observación y la facilidad de trasladar al relato la cruda realidad de las clases más desfavorecidas, de manera que simplemente mostrando la miseria en la que vivían y en la que se movían hay una voluntad de crítica.

Pardo Bazán maneja la ironía con mano de cirujano y lo que en una lectura literal parece una cosa, bañado de ironía significa justo lo contrario. Le permite llegar al fondo de la herida. Toda la obra es una búsqueda, por diferentes vías, de reivindicar la igualdad de la mujer respecto al hombre también en lo tocante a la manifestación del deseo sexual.

Parodia del idealismo romántico

Igual que Cervantes hizo con las novelas de caballerías en «El Quijote», ella hizo lo propio con la narrativa romántica. Hasta subtitula «Insolación» como «historia amorosa», que incluye entre paréntesis.

Pardo Bazán siente como suyo el deber cervantino, hace suya la misión que empezó Cervantes y que debe continuar, referente a construir, restaurándola, la novela.

Critica a las “heroínas” románticas. Dice Asís: “Cierta heroína de novela, de las que yo leía siendo muchacha, en un caso así recuerdo que empezó a devanarse los sesos preguntándose a sí propia: “¿Le amo? ¡Valiente tontería la de aquella simple! ¡Qué amor ni qué!”.

Se ríe de lo cursi, de esas imágenes y metáforas náuticas que emplea Asís para narrar los devaneos suyos con Pacheco en la pradera de San Isidro. “Que sí, que me había dado por la náutica” … “¡Dale con el mar! ¡Mire usted que es fuerte cosa! ¿Si continuará aquello?».

Fijémonos en los personajes. Estos tampoco se salvan de la parodia de lo romántico. Pacheco es un donjuán zorrillesco muy caricaturizado, un estereotipo de galán andaluz rayano en lo paródico. En ocasiones roza lo esperpéntico, técnica que desarrollaría años después Valle-Inclán. Ya que nombro al genial autor, permítanme referirme al pasaje de «Insolación» en el que Asís asiste al circo de los horrores en donde los personajes tienen perfiles valleinclanescos.

Diego Pacheco parece como uno de esos actores de segunda que sobreactúan, lo cual es una manera más que tiene la autora de criticar, de caricaturizar el prototipo de héroe romántico.

También el personaje de Gabriel Pardo asume rasgos estereotipados de las clases altas y sincretiza el paternalismo de la sociedad patriarcal. Este personaje además refleja muy bien la hipocresía vigente, pues por un lado se manifiesta comprensivo y compasivo, pero participa de la condena general socialmente aceptada a las mujeres que se apartan del papel de «ángel del hogar» de conducta «intachable» que se les presuponía.

Fluir de la conciencia

Esta técnica, que años después Virginia Woolf ejercería con maestría, está ya presente en la narrativa de Pardo Bazán y en «Insolación» está en particular en los capítulos narrados desde la perspectiva de Francisca de Asís en los que «sentimos» el debate interno, el enfrentamiento entre su propio deseo y la moral de la época, que condena los deslices.

Esto nos hace pasar calor, vergüenza, miedo, pasión y participar del carrusel de emociones que experimenta la protagonista de «Insolación», con una clara intención de que empaticemos con ella y nos sumemos a su causa. De hecho, Asís, en su papel de narradora, nos lo pide de manera explícita: “Motivos tengo sobrados: ¡Que se ponga en mi caso cualquiera!”. Se hace difícil estar en su contra (por desgracia, en su día, los detractores fueron muchos y muy influyentes).

El habla, el personaje

Pardo Bazán quiere que los personajes suenen auténticos, tanto que opta por la transcripción fonética del habla coloquial. Quedan retratados por lo que hacen y lo que dicen y cómo lo dicen. Cada voz se expresa de manera diferente y esto contribuye a dotar de volumen al personaje, cada cual con sus sombras, sus luces.

El dominio del lenguaje lo muestra también en juegos de palabras, como cuando habla del «influjo barbarizante o barbarizador (como ustedes gusten) del sol». Es muy creativa usando diminutivos y aumentativos, sumando refranes, reflejando expresiones populares.

En esto me recordó a la gracia que gasta Enrique Jardiel Poncela en sus obras de teatro y que justamente destacamos en el grupo de lectura cuando comentamos «Los ladrones somos gente honrada», en especial en las conversaciones entre el Tío y Castelar, muy divertidas.

Una dedicatoria clave

En las obras de Pardo Bazán hay que tener en consideración absolutamente todos los elementos, todos son significativos y fundamentales para detectar la intención de la obra. Desde el título, el subtítulo, los entrecomillados, las acotaciones, las opiniones del narrador, en este caso, de los narradores, pasando por los prólogos y, ¡por supuesto!, hasta las dedicatorias.

Dedicarle el libro a Lázaro Galdeano refuerza la tesis feminista del discurso de Pardo Bazán, de que una mujer es tan libre como un hombre para enamorarse sin que ello tenga como punto final una boda. Ella, a diferencia de su protagonista, no se plantea casarse con Lázaro Galdeano por haber tenido con él una relación fugaz, como sí se deja entrever al final de «Insolación».

Metamorfosis

La Pardo Bazán que encontramos en «Insolación» ya no es la ferviente discípula del naturalismo francés. Suma nuevos matices, está en periodo de pruebas, de experimentación, cambiando de piel.

De hecho, hasta «se ríe» de alguna manera de los postulados deterministas que el naturalismo contempla y que ella siguió, poniendo en boca del personaje Gabriel Pardo, al que pinta caduco, petulante y tirando a hipocritón, algunos comentarios muy en esa línea y parodiándolos claramente.

Hay también una manifiesta transformación en la protagonista: esa mujer a la que en la última escena no le importa asomarse al balcón junto a su amante, claramente no es la misma que la que, en la primera escena, padece el tabú del deseo.

Emilia está en todo

En rasgos de sus personajes, en los narradores, en el lenguaje, en la retranca, en el poso, en la técnica, en los niveles de lectura… Pardo Bazán adopta en cada escena, en cada detalle, ante cada momento, la perspectiva justa para tratar cada cuestión en su punto adecuado.

Tiene la lente bien graduada y la mirada bien afilada por su cosmopolitismo, por su capacidad de escucha y de observación y su inagotable ansia lectora.

Lector activo

Pardo Bazán tiene una consideración muy contemporánea del lector. En esto también fue una adelantada a su tiempo. Para ella, el lector es parte activa en la comprensión del texto. La literalidad es insuficiente para atisbar el alcance del mensaje de sus textos y naturalmente también de «Insolación». Precisa un lector que dude sobre el texto, que relativice lo que sentencia este narrador, lo que confiesa aquel personaje, que adopte, en definitiva, un papel activo y active todas sus capacidades para captar el sentido global de los elementos que componen la obra literaria. Se dirige a un lector que sepa leer entre líneas, ver más allá de lo evidente y logre discernir con agudeza ante la diversidad de un mundo imprevisible, inagotable, inmenso.

Curiosidades

  • Mary Shelly muere el mismo año en el que nace Emilia Pardo Bazán.
  • Concepción Arenal y Emilia Pardo Bazán tienen varias cosas en común: son gallegas, ejercen un papel destacado en el activismo feminista y mantienen un parentesco lejano.

De tu interés

  • Tertulia sobre «Memorias de un solterón» de Emilia Pardo Bazán.
  • Tertulia sobre «Tristana» de Benito Pérez Galdós.
  • «Lee a Emilia Pardo Bazán«. Razones para su lectura (o relectura).
  • Conferencia «El papel de Emilia Pardo Bazán en la intelectualidad española de entre siglos», Instituto Cervantes, 2021.
  • Conferencia «Concepción Arenal y Emilia Pardo Bazán, españolas eminentes», Fundación Juan March, 2019.

Ficha

  • Título: Insolación (una historia amorosa).
  • Autora: Emilia Pardo Bazán.
  • Año: 1889.
  • Comentada en la tertulia de mayo de 2021.

Por María Ortiz

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