Serenidad en la tormenta

“Este libro -suponiendo que sea un libro- data… comenzó a publicarse en un diario madrileño en 1926, y el asunto de que trata es demasiado humano para que no le afecte demasiado el tiempo. Hay, sobre todo, épocas en que la realidad humana, siempre móvil, se acelera, se embala en velocidades vertiginosas. Nuestra época es de esta clase porque es de descensos y caídas. De aquí que los hechos hayan dejado atrás el libro. Mucho de lo que en él se anuncia fue pronto un presente y es ya un pasado”.

La rebelión de las masas, José Ortega y Gasset

Así comienza José Ortega y Gasset el “Prólogo para franceses” de “La rebelión de las masas” y, si obviamos la fecha, con este párrafo bien podría arrancar una tribuna de opinión del periódico del día.

Estamos en 2022, en enero, casi dos años después del comienzo de la pandemia de COVID-19, de la que vamos por la quinta, en algunos países, en otros sexta ola capitaneada por la variante vírica “ómicron”. Hemos aparcado nuestra anciana rutina, que ahora casi tiene trazo de leyenda, y a la nueva rutina le hemos incorporado un factor que la inhabilita desde el punto de vista conceptual, que es el de la incertidumbre -la previsibilidad que comporta la rutina es lo opuesto a esto-.

Tanto y tan rápido cambia el panorama que lo que ayer valía, hoy ya no sirve. La regla o la recomendación vigente hasta ahora, mañana puede ser perfectamente sustituida por la contraria. Y entre medias de esta aceleración de los tiempos, de la acumulación en nuestros móviles de informaciones, entre las que hay noticias, bulos y “memes”, tenemos que intentar sacar adelante nuestros quehaceres y meter cierta pauta en nuestro día a día. Naturalmente también debemos entusiasmarnos, sorprendernos, estar dispuestos a celebrar cuando toque, eso sí, como se pueda, y tenemos derecho a llorar, a enfurecernos y a guardar luto, asumiendo, eso sí, que no son posibles las formas tradicionales de prestar o recibir consuelo.

Este contexto tan cambiante, donde la eventualidad es la norma, es perfectamente reconocible en esas primeras líneas con las que Ortega prologa una obra que en especial en nuestras actuales circunstancias nos puede ayudar a entenderlas mejor, a entendernos mejor. Todo sucede vertiginosamente, todo caduca rápido. «Hay, sobre todo, épocas en que la realidad humana, siempre móvil, se acelera, se embala en velocidades vertiginosas. Nuestra época es de esta clase», rescato del párrafo con el que comenzaba este escrito.

Así, pese al tiempo pasado desde su publicación y de lo mucho que ha pasado desde entonces, la Guerra Civil Española, la Segunda Guerra Mundial, las bombas atómicas, la Guerra Fría, los procesos descolonizadores, la caída del muro de Berlín, la moneda única europea, los atentados del 11-S, del 11-M, Internet y las redes sociales y la pandemia de coronavirus, por nombrar algunos de los muchísimos eventos y sucesos cuyas sombras siguen proyectándose sobre nosotros, “La rebelión de las masas” es un texto ideal para quien busca puntos de luz bajo los que leer el momento convulso, confuso, voluble, imprevisible en el que nos hallamos.

No se trata tanto de extrapolar ni de hablar de vigencia del mensaje, como de que sus reflexiones ilustran muchos aspectos de la realidad que nos rodea. Seríamos más precisos si habláramos de la presencia a nuestro alrededor, en nosotros mismos de rasgos aquí descritos sobre las masas rebeladas y las muy diversas cuestiones a las que se refiere Ortega y Gasset.

Tomémoslo, como el mismo autor propone, como “un ensayo de serenidad en medio de la tormenta”.

Temas y aspectos

La posverdad, las corrientes de opinión determinando la vida política, incluso las etiquetas de las redes sociales como factor de configuración de la realidad, el fenómeno “ni-ni”, los mensajes virales, las fake-news, la crisis creativa en el cine, el neopuritanismo, el revisionismo histórico y la censura cultural, ya están de alguna manera esbozados en la disección del «hombre-masa» y la sociedad que lo alumbra.

También los debates paralelos desencadenados por la pandemia, como los derechos y los deberes del individuo, individualismo frente a gregarismo, libertad y responsabilidad o el papel de los estados, comparten suelo con realidades a las que se refiere Ortega y Gasset en este texto.

“La rebelión de las masas” es un libro denso, no por el estilo, ágil, fluido, de una claridad expositiva fuera de dudas, sino por lo muy rico que es y lo muy lleno de lúcidas observaciones que está. De cada frase prácticamente podría salir un ensayo propio. De ahí que cualquier reseña que se haga sobre él queda irremediablemente incompleta.

Partiendo de esta premisa, comparto algunas ideas presentes en el ensayo a modo de invitación a su lectura.

El «hombre-masa»

Como el título indica, el libro se ocupa fundamentalmente del «hombre-masa», “más que un hombre, es solo un caparazón de hombre (…) carece de un “dentro”, de una intimidad suya (…) de ahí que esté siempre en disponibilidad para fingir ser cualquier cosa. Tiene solo apetitos, cree que tiene solo derechos y no cree que tiene obligaciones: es el hombre sin la nobleza que obliga –sine nobilitate-, snob”.

Ortega contrapone nobleza y vulgaridad, esfuerzo e inercia: “Para mí, nobleza es sinónimo de vida esforzada, puesta siempre a superarse a sí misma, a trascender de lo que es hacia lo que se propone como deber y exigencia. De esta manera, la vida noble queda contrapuesta a la vida vulgar e inerte. De ahí que llamemos masa a este modo de ser hombre, no tanto porque sea multitudinario, sino porque es inerte”.

En su opinión, no es cuestión de clase social, sino de clase de hombres: “Cuando se habla de minorías selectas, la habitual bellaquería suele tergiversar el sentido de esta expresión, fingiendo ignorar que el hombre selecto no es el petulante que se cree superior a los demás, sino el que se exige más que los demás, aunque no logre cumplir en su persona esas exigencias superiores” (…) La división de la sociedad en masas y minorías excelentes no es, por tanto, una división en clases sociales, sino en clases de hombres”.

El «hombre-masa» siente desprecio por la excelencia y el mérito: “La masa arrolla todo lo diferente, egregio, individual, cualificado y selecto. Quien no sea como todo el mundo, quien no piense como todo el mundo, corre el peligro de ser eliminado”.

“Pretender la masa actuar por sí misma es, pues, rebelarse contra su propio destino, y como eso es lo que hace ahora, hablo yo de la rebelión de las masas (…) Cuando la masa actúa por sí misma, lo hace solo de una manera, porque no tiene otra: lincha”.

Frente al adanismo, la historia

“El hombre, en cambio, merced a su poder de recordar, acumula su propio pasado, lo posee y lo aprovecha. El hombre no es nunca un primer hombre: comienza desde luego a existir sobre cierta altitud de pretérito amontonado. Este es el tesoro único del hombre, su privilegio y su señal”.

“El «hombre-masa» se siente perfecto. Al hombre mediocre de nuestros días, al nuevo Adán, no se le ocurre dudar de su propia plenitud. Su confianza en sí es, como de Adán, paradisíaca (…) Compararse con otros seres sería salir un rato de sí mismo y trasladarse al prójimo. Pero el alma mediocre es incapaz de trasmigraciones”.

Circunstancia y decisión

“Circunstancia y decisión son los dos elementos radicales de que se compone la vida”.

“La fatalidad en que caemos al caer en este mundo consiste, en vez de en imponernos una trayectoria, imponernos varias, y consecuentemente nos fuerza a elegir. Vivir es sentirse fatalmente forzado a ejercitar la libertad, a decidir lo que vamos a ser en este mundo. Ni un solo instante se deja descansar a nuestra actividad de decisión”.

“Cuando todo está tan abierto. Ser imprevisible, ser un horizonte siempre abierto a toda posibilidad, es la vida auténtica, la verdadera plenitud de la vida. La realidad histórica es un puro afán de vivir, una potencia parecida a las cósmicas; no la misma, por tanto, no natural, pero sí hermana de la que inquieta al mar, fecundiza a la fiera”.

El intelectual y la capacidad de sorprenderse

La misión de la obra intelectual frente a la política: “La obra intelectual aspira, con frecuencia en vano, a aclarar un poco las cosas, mientras que la del político suele, por el contrario, consistir en confundirlas más de lo que estaban”.

“Sorprenderse, extrañarse, es comenzar a entender. Es el deporte y el lujo específico del intelectual. Por eso su gesto gremial consiste en mirar al mundo con los ojos dilatados por la extrañeza. Todo en el mundo es extraño y es maravilloso para unas pupilas bien abiertas”.

“El hombre de cabeza clara es el que (…) mira de frente a la vida, y se hace cargo de que todo en ella es problemático y se siente perdido. Como esto es la pura verdad – a saber, vivir es sentirse perdido-, el que lo acepta ya ha empezado a encontrarse, ya ha comenzado a descubrir su auténtica realidad, ya está en lo firme”.

El signo de los tiempos

(En alusión a los años 20 del siglo XX): “Nuestra época cree ser más que las demás y a la par se siente como un comienzo, sin estar segura de no ser una agonía”.

“Vivimos en un tiempo que se siente fabulosamente capaz de realizar, pero no sabe qué realizar. Domina todas las cosas, pero no es dueño de sí mismo. Se siente perdido en su propia abundancia. De aquí esa extraña dualidad de prepotencia e inseguridad que anida en el alma contemporánea”.

El especialismo frente a la interpretación integral del universo: “Lo importante es cómo en cada generación el científico, por tener que reducir su órbita de trabajo, iba progresivamente perdiendo contacto con las demás partes de la ciencia, con una interpretación integral del universo, que es lo único merecedor de los nombres de ciencia”.

Sobre la desvalorización de la palabra: “Se ha abusado de la palabra y por eso ha caído en desprestigio”.

Europa

Ortega y Gasset entiende Europa como un equilibro, una unidad dinámica, una balanza de poderes, una unidad consistente en la pluralidad: “Europa es, en efecto, enjambre: muchas abejas y un solo vuelo”.

De interés

  • Ponencia «La rebelión de las masas» de José Ortega y Gasset en su cincuentenario», a cargo de Paulino Garagorri, dentro del ciclo de conferencias «Liberales españoles contemporáneos» programado por la Fundación Juan March del 25 de noviembre al 4 de diciembre de 1980.

Ficha

  • Título: La rebelión de las masas
  • Autor: José Ortega y Gasset
  • Fecha: Se comenzó a publicar en el año 1926 en forma de artículos en el periódico «El sol». Como libro, en 1930.
  • Comentado en la tertulia de abril de 2018

Por María Ortiz

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