Historia de una explosión

Y, al final, todo acaba saltando por los aires. Normal. No puede terminar de otra manera, cuando contemplamos atónitos cómo se masca la tragedia desde la primera frase. “El baile” con el que una familia judía de nuevos ricos quiere abrirse paso en la alta sociedad del París de los gloriosos Años Veinte acaba sacando a la pista la tormentosa relación entre una madre codiciosa y su hija en plena adolescencia, los rituales de aceptación en una sociedad podrida y una venganza que encuentra la ocasión de ser cobrada.

Irène Némirovsky coloca con incuestionable maestría el caviar, el espumoso y la orquesta en un campo de batalla donde solo un bando puede resultar victorioso. Retrato sin contemplaciones del fango que se oculta bajo el postín.

Aspectos interesantes

Trama sencilla, tensión narrativa de vértigo

Como hilo conductor tenemos los preparativos y la realización del baile. Algo trivial. Me recuerda a cómo Virginia Wolf plantea «Miss Dalloway» (1925), donde el quid de la obra no es tanto lo que sucede, una cena con invitados, sino lo que se cuece dentro de los personajes y cómo lo cuenta la autora. Aquí sucede algo similar. El planteamiento es sencillo. Lo que cotiza al alza es la maestría de Némirovsky para generar una tensión narrativa trepidante. Pone en escena a personajes que vienen ya con mucho acumulado. La relación tensa entre Rosine Kampf y su hija Antoinette acaba estallando a propósito de ese baile y de los comportamientos y actitudes de los personajes ante el acontecimiento. El baile es la chispa que prende la mecha.

Ribetes autobiográficos

El relato tiene la fuerza de la confesión autobiográfica. En verdad hay bastante de Irène en Antoinette. Como de su madre en Rosine. Su madre la tiene por darle el gusto al marido, pero odia a su hija desde que nace, pues verla crecer es una constatación del paso del tiempo y de algo inevitable: que ella envejece, se marchita, mientras su hija crece y se convierte en una mujer con todas las potencialidades. Es tal el odio que siente por ella que incluso la obliga a vestir de manera que resulte poco o nada atractiva. Esta horrible relación madre-hija la plasma Némirovsky específicamente en la novela “El vino de la soledad”.

Denuncia de una sociedad podrida

Irène proyecta lo que ve y de lo que es víctima como miembro de una familia de nuevos ricos llegados de Ucrania: esa continua necesidad de mostrar que pueden y tienen derecho a codearse con gentes de rancio abolengo. «El baile» es un retrato de la podredumbre de la alta sociedad, nutrida de nobles en decadencia a los que solo les queda la apariencia de clase y de burgueses ávidos de reconocimiento público que compran títulos para coger posición. Esa sociedad pare criaturas tóxicas como Rosine. El desenlace del relato es una catarsis liberalizadora de la tensión que sufre Némirovsky en carne propia.

Seres fracasados

La autora exhibe en «El baile» su gran habilidad para crear personajes. Como lector, te los crees desde el primer momento. Sus comportamientos son comprensibles dentro de ese contexto opresivo donde las apariencias llevan la batuta. Es una olla a presión donde solo cabe aceptar o explotar.

A grandes rasgos los personajes comparten la característica de ser seres fracasados. El patriarca, Alfred Kampf, es un tipo que tiene un golpe de suerte en una jugada bursátil gracias a la que se hace rico. Sin embargo, no es querido ni respetado por su mujer ni por su hija y carece de posición social.

En un primer momento, Rosine, la madre, por su carácter autoritario y despótico hacia todos los que la rodean (familia, criados, conocidos…) recuerda a la tiranía de otra mujer monolítica sobre la que hemos leído, Bernarda Alba. Pero a diferencia de Lorca en su texto, aquí Némirovsky nos invita a escarbar en las miserias de Rosine: su falta de empatía y de capacidad de amar esconde un complejo de inferioridad. Además, actúa a la desesperada porque es consciente de que la belleza, que la ha estado explotando durante su juventud para conseguir sus objetivos, se irá marchitando con el irremediable paso del tiempo.  El poso, por tanto, de frustración es palpable, como también lo es en Isabelle, su prima cotilla y maldiciente, y por supuesto en Antoinette, que, además de los problemas derivados de la tormentosa relación con la madre, debe lidiar con los sentimientos desbocados de su adolescencia. Se siente extraña en una casa donde no se respeta su poder de decisión y también en su propio cuerpo, en plena transformación. Claramente es el elemento inestable necesario para que explote el gran paripé.

La tristeza como epílogo

Aunque seamos capaces de reconocer a la ganadora del asalto, la sensación que queda al final es la tristeza.

Éxito póstumo

Irène Nemirovsky tuvo ya éxito como escritora en los años 30. Era una estrella emergente. Escribía relatos, novelas, tenía una presencia relevante en la intelectualidad de la Francia de Entreguerras. Pero ser judía a las puertas de la Segunda Guerra Mundial no jugaba precisamente a su favor. Empezó a escribir «Suite francesa», la que se convertiría en su título más icónico, aunque ella nunca lo sabría. Iba a tener cinco partes, pero se quedó en dos. Dos días después de acabar la segunda parte fue arrestada y posteriormente deportada al campo de concentración de Auschwitz, donde murió al mes de llegar en agosto de 1942. 

Elisabeth, hija de Irène, años después decidió pasar a limpio el manuscrito de «Suite francesa». Tanto ella como su hermana Denise pensaban que era un diario personal de su madre, hasta que se llevaron la sorpresa de que era una novela que reflejaba el horror del tiempo que le tocó vivir.

Denise ha comentado en prensa cómo el milagroso redescubrimiento de la obra de su madre le sirvió para sentirse más serena y tranquila, porque logró devolver a su madre a la vida. «Suite francesa» está traducida a 38 idiomas y fue una sensación literaria y editorial en 2004.

Ficha

  • Título: El baile
  • Autora: Irène Némirovsky
  • Año: 1923
  • Comentado en la tertulia de febrero de 2020

 

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1 comentario en “Historia de una explosión”

  1. […] quedó interrumpida con su muerte en Auschwitz. Nos dejó pequeñas obras maestras, como ese relato de “El baile” cuya lectura te recomendé vivamente, pero también grandes obras maestras, como “Suite francesa”, una de las obras literarias más […]

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